La Nápoles de Elena Ferrante, antes y ahora

El monte Vesubio se alza por encima de Nápoles. La ciudad es el escenario de las cuatro exitosas novelas de Elena Ferrante. CreditChris Warde-Jones para The New York Times.

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El centro histórico de Nápoles tiene el encanto del Viejo Mundo: ropa deslavada que cuelga entre los edificios, pescaderías de donde caen a la acera montones de almejas y anguilas, pastelerías al lado de iglesias renacentistas.

Pero yo estaba buscando algo más. Había venido a Nápoles sin una guía turística ni un mapa siquiera; iba en busca de un vecindario descuidado de “paredes resquebrajadas” y “puertas raspadas”, donde el “miserable gris” de los edificios chocaba con la pasión y la represión de los personajes de la escritora Elena Ferrante. Armada solo con su serie de novelas napolitanas, estaba buscando una ciudad que —a través de cuatro pesados tomos, éxitos de ventas en Estados Unidos e Italia— se había convertido en un personaje: peligrosa, sucia y seductora, el lugar del que todos anhelan irse y el lugar del que nadie puede deshacerse.

Como lo fui descubriendo durante una visita en septiembre, la serie de libros ofrecía un punto de vista único de esta complicada ciudad, el cual me alejó de los sitios turísticos más populares y me ayudó a entender las divisiones sociales, económicas y geográficas en ella. Ver el Nápoles de Ferrante es ver Nápoles como un local.

Elena Ferrante es el seudónimo de quien ha escrito siete libros; los más conocidos son las novelas napolitanas: descripciones descarnadas e inquebrantables de la amistad femenina, contrastadas con el fondo de la agitación política y social en Italia, desde la década de 1950 hasta el presente. Desde la publicación del primer libro de la serie en 2012, “La amiga estupenda”, Ferrante se ha convertido en uno de los más grandes enigmas de la literatura moderna: reacia a los medios y decidida a permanecer en el anonimato. Incluso el sexo de la autora ha sido motivo de especulación. Sin embargo, la biografía oficial de la editorial se refiere a ella como mujer y ofrece solo un detalle personal: “Elena Ferrante nació en Nápoles”.

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Spaccanapoli divide en dos a Nápoles.CreditChris Warde-Jones para The New York Times

El cuarteto de novelas —que también incluye: “Un mal nombre”, “Las deudas del cuerpo” y “La niña perdida”— sigue la vida de Elena Greco y Raffaella Cerullo, dos chicas provenientes de un barrio lúgubre marcado por la pobreza, las vendettas de la mafia y la violencia. Nacidas con unas semanas de diferencia en agosto de 1944, las chicas (que de cariño se dicen Lenù y Lila) son mejores amigas y feroces rivales; la una motiva a la otra para obtener calificaciones impresionantes en la escuela.

Lenù, cautelosa y concienzuda, termina por escapar del barrio gracias a sus diligentes estudios (y cambia su apodo de la infancia para volver a usar su nombre de pila, Elena). Lila, impulsiva y osada, va brillando por la vida, con ojos incrédulos; es una “chica terrible y deslumbrante” que presiona a Lenù para que haga cosas atrevidas: como el día en que las dos faltan a la escuela, por primera vez en sus cortas vidas, e intentan “cruzar las fronteras del barrio” para descubrir una presencia invisible, “un vago recuerdo azulado”: el mar.

Mientras me dirigía al lado oeste a través de una calle angosta en el centro histórico, cegada por el sol de la tarde, con los edificios pegados uno tras otro, asediados por la vista del cielo y el aroma de la comida, el mar se sentía distante, en efecto. Mi amiga Paola me dijo: “A esto le decimos Spaccanapoli”. Significa Nápoles partida en dos.

Como muchas ciudades romanas antiguas, me explicó, Nápoles se había trazado a lo largo de decumanus paralelas; eran carreteras que iban de este a oeste. Esta calle en particular atraviesa el corazón de la ciudad. Paola, napolitana de nacimiento, me dijo: “Entre más vayas hacia el este, más pobres son los vecindarios”.

Caminé una cuadra o dos, y el golfo de Nápoles emitió un destello turquesa ante mis ojos. ¿Era plausible que Lenù y Lila, a los diez años, hubiesen pasado toda la vida sin ver el rasgo característico de esta ciudad portuaria? Supe que la respuesta se encontraba más allá del distrito turístico, en las calles harapientas de su barrio.

Con la ayuda de Irene Caselli, originaria de Nápoles y periodista, quien ahora vive en Buenos Aires, estuve cerca de identificar su vecindario: era casi seguro que se trataba del Rione Luzzatti. Pero me advirtió: “Tiene reputación de ser peligroso y sucio. No vayas después del anochecer. No camines sola”.

Rione Luzzatti tiene frontera al este con la estación central de trenes y al norte con una prisión, Poggioreale. “No está tan lejos”, dijo Paola (de hecho, está a menos de ocho kilómetros del centro histórico). “Pero esa solo es una distancia mental”. Dada la reputación criminal de la zona, contraté a una guía local, Francesca Siniscalchi, quien, como casi todas las mujeres que conocí en Nápoles, es una ferviente admiradora de Ferrante.

Mientras deambulábamos a través de la ciudad en un taxi, Siniscalchi señalaba lugares que aparecían en los libros: el “Rettifilo”, una calle comercial donde Lila compra su vestido de novia; la creciente Piazza Municipio, donde el padre de Elena trabaja como portero, y el enorme bulto gris del Liceo Classico Garibaldi, el colegio de Elena.

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Nápoles tiene muchas secciones, entre ellas el distrito Spagnoli.CreditChris Warde-Jones para The New York Times

“Su descripción de Nápoles no es solo una postal: es un mosaico de emociones fuertes y perturbadoras”, dijo Siniscalchi sobre los libros. “Describe a la perfección todas las oportunidades que desperdició cada una de las generaciones en el sur de Italia. Cuando terminé el último libro, lloré”.

En el Rione Luzzatti, encontramos un conjunto de edificios sórdidos y llenos de mugre. Había ventanas angostas cubiertas con ropa, parches de pasto sin cortar y aceras llenas de basura que estaban vacías, a pesar del sol veraniego. Se escuchaban algunas voces al fondo de uno de los edificios, un indicio de que la gente estaba en casa y, quizá, nos observaba. La pastelería y la zapatería de los libros no estaban; un vendedor de frutas y verduras exhibía su mercancía en una camioneta en vez de un carro jalado por caballos. Pero a pesar de esas pequeñas diferencias, no necesité usar la imaginación para ver el barrio de Lila y Elena. Aquí, en esta “pálida cantera muy lejana” de “escombros humanos indistinguibles”, el mar sí parecía una fantasía.

Después de ver el barrio, la elegancia lustrosa de Chiaia, el distrito comercial adinerado de la ciudad, me dejó sorprendida. De jóvenes, la primera incursión de Elena y Lila en este lugar las deja boquiabiertas por las mujeres refinadas que lucen como si hubiesen “respirado otro aire y hubiesen aprendido a caminar sobre hilos de viento”, escribe Ferrante. Aunque su salida termina en un violento enfrentamiento —cuando un grupo de muchachos ricos las llama “pueblerinas” y ocurre una pelea sangrienta—, estas calles desempeñan un papel a lo largo de la serie: son el yin lujoso, mientras que el barrio es el yang desolado.
Después de pasear por la Via Chiaia, en medio de un montón de locales sofisticados, me detuve en la Piazza dei Martiri para buscar la zapatería Solara, que Lila decora con una copia gigante y desfigurada de su foto de boda, con la que crea un imagen artística de su cuerpo “cruelmente despedazado”. En su lugar, encontré una boutique de Salvatore Ferragamo y, al otro lado de la majestuosa plaza, la librería Feltirnelli, donde exhibían montañas de los libros de Ferrante.

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El distrito adinerado de ChiaiaCreditChris Warde-Jones para The New York Times

Mientras Elena y Lila dejan de ser niñas y se convierten en mujeres maduras, se enfrentan a una era de tumultuosas revueltas sociales:⎯el feminismo radical, las manifestaciones de 1968, los amigos que incursionan en el comunismo militante⎯ y su esperanza juvenil termina por convertirse en desilusión. “Yo me he sentido igual: culpable, autocrítica”, me dijo Annamaria Palermo, profesora en la Universidad de Nápoles, “L’Orientale”. Estábamos en su departamento ventilado, rodeadas de muros llenos de libros, pisos de azulejo de terracota y enormes ventanas con vista al golfo de Nápoles. “En 1968, estábamos tan empoderados. Estaba segura de que lo cambiaríamos todo”.

Palermo nació en 1943, un año antes que las protagonistas de Ferrante, y es hija de una familia napolitana burguesa. Sin embargo, se identificó con los libros. “Hay una napolitaneidad que va más allá de los niveles sociales. Y ella expresa eso muy bien. Esas novelas llegan al fondo de nuestras almas”, dijo. “Le tengo mucho cariño a esta ciudad, pero es como la sirena de Capri… algo te encanta, pero también hay algo que te repugna por dentro”, agregó, refiriéndose a las sirenas de “La odisea”, que embrujaban a los marineros con sus dulces canciones hasta matarlos.

En los libros, la batalla de Elena y Lila contra la Camorra, la ineludible mafia local, es la misión de sus vidas, el más grande conflicto, descrito como una lucha imposible y agobiante. “La Camorra es parte de nuestra historia”, dijo Siniscalchi, mi guía. “Data del siglo XVII. Hoy, hasta ha sido vinculada al gobierno central. Crecer en Nápoles es una lucha diaria”.

Sin embargo, desde la terraza soleada de Palermo, la presencia violenta y persistente de la mafia parecía una fantasía distante y oscura. En Posillipo, un distrito residencial pudiente que está frente al golfo, el mar es inexorable; resplandece desde todos los ángulos.

Pensé en una escena del tercer libro de la serie, “Las deudas del cuerpo”, cuando Elena da un paseo solitario por Nápoles al amanecer y medita en torno al paisaje de la ciudad y la influencia que ha tenido en toda su identidad. “Quién sabe qué sentimiento me habría producido Nápoles, si todas las mañanas me hubiese despertado en uno de esos edificios costeros y no en el barrio”, reflexiona.

Ante mí, el golfo brillaba; era una extensión ondulante de color azul, delimitada por la masa acechante del Vesubio. Desde aquí, el barrio había desaparecido por completo.

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http://www.nytimes.com/es/2016/01/26/la-napoles-de-elena-ferrante-antes-y-ahora/?em_pos=small&emc=edit_bn_20160725&nl=boletin&nl_art=5&nlid=75116492&ref=headline&te=1
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